lunes, 30 de octubre de 2017

CLAUDICAR

Tras meses de haberme enamorado, hoy escuchando en un audiolibro de "La sexualidad Femenina" del autor Sigmund Freud, me doy cuanta que tal vez ni siquiera estoy enamorada...

Me doy cuenta también después de haber investigado acerca de los cambios hormonales en la mujer durante el "Sindrome Pre Menstrual" que probablemente tampoco me he enojado de verdad.

Más que darme cuenta de las verdaderas razones de mis pensamientos, y comportamientos, regresa más intensamente la idea de que todo es una farsa, porque, si mis emociones son provocadas por mis experiencias traumaticas durante la infancia, o por mi frustración de no tener un pene, y mis enojos son resultado de el aumento de químicos en mi cerebro, del dolor en el vientre, de los pensamientos recurrentes de paranoia, miedo al abandono, o de mis desvelos y mal comer... ¿Entonces; qué es real?

¿Cuáles son las emociones en las que puedo confiar?

¿Cuántas veces debo cuestionarme si creer en lo que pienso y creer en lo que siento cuando el desasosiego me perturbe de manera tan estridente que no pueda ignorarlo?

¿Debo considerar también "los modos" de mi crianza?

Creo que hacer ya tantas preguntas van a llegar siempre a la misma respuesta: No se, no se, no se, no se... -Ve a terapia, me contesto... - Y a la vez me molesta tanto caer en cuenta (una vez más) de lo común que soy, de lo genérica, poco especial, igual a millones más con las mismas preguntas, sin las mismas respuestas.

¿Estar solo, compartiendo las mismas frustraciones con otros, es una manera abstracta de estar acompañado?

¿Estas ideas son depresivas? ¿Son obsesivas? ¿Son normales? ¿Debería continuar?

¿Es real el amor que siento? Probablemente solo me aferro al acompañamiento, al sentir que estoy para alguien, que alguien está para mi... Qué mas da si estoy rota; cuándo lucho por normalizarme, me doy cuenta que soy perfectamente normal, pero desestabilizada.

Confiar en mi mente es como confiar en un coche que funciona, pero siempre hace un ruidito que no sabes de donde viene, y conduces en él con el miedo constante de que un día te deje parado en medio de una avenida a la hora del tráfico con el sol intenso y sin efectivo ni batería en el celular.

Me lo digo muchas veces, me lo dicen varias más "no pienses tanto" por que son nimiedades.

Al final, cuando pregunto más y más, sin respuesta, sin consuelo, sin motivo, sin final, solamente puedo claudicar.


Ideas recurrentes de mentes distantes.


Registro de una experiencia novedosa en mi historial de sucesos.

Escuchando una lectura de poesías, creo haber encontrado el común denominador entre todas ellas. Al menos a impresion mía.

Sin generalizar, puedo pensar que aquellos temas que nos motivaron a exteriorizar nuestras ideas fueron varios; primero, la expresión de pensamientos profundos difíciles de decir con palabras espontáneas, cuestionamientos sobre la vida y la muerte, la existencia, el motivo de la misma, las paradojas de nuestra sociedad, el amor, el YO, entre otros temas turbulentos.

En esta experiencia se puede sentir la vibra de las personas presentes, los latidos, la respiración, las miradas tímidas y las miradas penetrantes.

Puede verse en los ojos de aquellos presentes las inmensas ganas de decir "siento lo mismo que tú", y la represión de los impulsos por gritar y expresar lo que cada uno lleva por dentro, admirando el atrevimiento de los que leyeron sus propios escritos.

Se complica normalmente exteriorizar nuestras verdaderas intenciones y pensamientos.
Reprimimos aquellas palabras que consideramos podrían ser ofensivas para el oyente, por tal motivo, tenemos que considerar previamente los sentimientos de los demás una vez que escucharan lo que queremos decir.