martes, 27 de marzo de 2012

El Collage

Está sentada mirando hacia la puerta preocupada por pendientes y divagando para decidir cuál ha de concluir primero. Entre ratos se muerde las uñas, y casi de inmediato deja de hacerlo, porque sabe que no es correcto.

El tiempo, la complejidad de cada tarea, el desgaste intelectual que le provocan las gráficas, imágenes, páginas en blanco, y todo aquello dando vueltas por su cabeza, hasta que una sombra afuera le distrae.
Son milésimas de segundo las que tardó en distinguir a quién le pertenece esa sombra; es el ritmo en que se acerca, el ancho que cubre el suelo, la figura que forma en el.
Se abre la puerta y una corriente de aire entra y al mismo tiempo la parte inferior de ella se arrastra sobre el suelo haciendo el sonido como de un barrido, es su aroma, inconfundible.
Sin duda, ha llegado.

Ella intenta disimular su emoción mirando al suelo, y llevándose la mano a la frente aparentando acomodar su cabello. La verdad es que no quiere que se vean sus mejillas sonrojadas por el flujo de sangre que le aumenta tan rápido como él camina hacia ella para saludarle.

No había de que preocuparse, ella aprendió a controlar rápidamente estas reacciones fisiológicas sobre sí misma, o al menos eso creía hasta que el dijo algún comentario sobre la temperatura de la habitación y del por qué ella se notaba un poco acalorada. Pero no hacía calor, y él venía caminando de afuera y asumió -por su cansancio- que la temperatura estaba igual tanto afuera de la oficina como dentro de la misma.

Gráficas, hojas en blanco, imágenes que debía recopilar para realizar el collage que le había encargado su jefe para el número del siguiente mes de la revista. Estaba más preocupada por los derechos de autor de las imágenes, y saber cuáles podría o no usar... Su olor le gustaba tanto.

Entonces dejó de pensar. Se había vuelto aún más complicado concentrarse ahora que estaba mirándolo de reojo, y se decidió por ir en busca de las revistas, actuar a la antigua, como en la preparatoria, cuándo los profesores le encargaban investigar sobre el dadaísmo y llevar ejemplos de collages con revistas de moda.

Era la misma tarea, pero con más riesgos (demandas por ejemplo), y un sueldo de por medio.
Había que tener ahora mucho cuidado sobre los autores de las fotografías, así que decidió contratar a uno de sus amigos fotógrafos para ahorrarse todos esos problemas legales que le daban tanto dolor de cabeza.

- Iré con Núñez, para hacer la sesión de fotos del collage - Dijo antes de salir de la oficina
- ¿No harás recopilación de revistas?. - le contestó él.
- Ya es muy arriesgado, mejor las tomo con mi amigo. 
- ¿Le avisarás a Domínguez?
- Le marco ahorita, cuando vaya en camino con Núñez.
- Bueno, cuídate Carla.
- Adiós Javier.



                                                                   - K W -