miércoles, 7 de julio de 2021

Una extraña paz

En dos meses cumpliré 30 años.
Son mis primeros y últimos 30 años.

Han cambiado tantas cosas que enfocarme a los detalles me da mucha pereza, y ahora siento que solo puedo enfocarme en los pendientes.

Hoy cada día es un gran esfuerzo, pero más que el cansancio o las ganas de dormir un ratito más, se trata de tomar suficiente valor y respirar las ganas de vivir, cargándome de kilos de paciencia para comenzar el día.

De agosto al día de hoy he sido maestra de arte en un colegio privado de mi ciudad.
Cada día es un gran esfuerzo por mantener la cordura entre gritos, lloriqueos, risas y demás sonidos cruzados en el bullicio del aula.

Miro a todos, y ninguno me mira a mi. Todos se miran entre todos. Un lunes de indisciplina, hartazgo y sin ganas de aceptar que ya comenzamos otra vez esta rutina de 8:00 a 13:00 horas de convivir, hasta el viernes.

5 horas de compartir el aire, ideas, y de procurar ser lo más imparcial ante todos esos espíritus inquietos. Todos quieren ser escuchados, todos quieren sobresalir. Todas nuestras voces se mezclan entre varios "guarden silencio" y muchas risas.

No cabe duda que todos se tienen mucho cariño. El cariño de la costumbre, de la familiaridad de su coexistencia.

Es el más grande y difícil de todos los trabajos, y al mismo tiempo uno de los más satisfactorios.
Porque a pesar de todas éstas mini batallas de ganar su atención, y crear disciplina y sobre todo algo de conocimiento para sus vidas. El mayor regalo es ver en los ojos de los alumnos esa iluminación de un mundo nuevo, de otro aprendizaje, de que una puerta más se abre en su mente, de nuevas zonas desbloqueadas en este juego.

Lamentablemente he llegado a ese punto en el que mi vida tiene que cambiar, me tengo que mover, y a la vez me da un gran pesar e inseguridad, siento que estoy tomando una buena decisión arriesgándome por algo mejor.

Y a pesar de eso, aunque me da muchísima ansiedad, he sentido una extraña y sorprendente paz.

Se que pase lo que pase estaré bien. Ya ni siquiera es por una cantidad monetaria, o por un estatus social, o por una deuda, ni por una persona.
A estas alturas de mi vida siento que me quedan pocas opciones que desperdiciar, y pocas emociones realmente positivas o nuevas que experimentar.
He tratado de transformar esas emociones negativas, y malestares de presión y estrés en una especie de recordatorio de supervivencia. Incluso en los momentos difíciles, tratar de pensar "¿Qué estoy aprendiendo de esto?".

He pensado mucho últimamente, que lo que no te hace sentir incómoda, no te ayuda mucho a progresar... o lo que es lo mismo, las incomodidades, la presión, el estrés, me obligan a mejorar, a sacar lo más grande en mi, a tratar de superar mis propios límites y romper mis expectativas de mi misma, tratar de convertirlas en algo más.

Estoy repitiéndome que es lo mejor que puedo hacer, y buscar la manera de hacerlo mejor, es cansado, pero no imposible.

Y no se si éste cambio mental ha sido por mi voluntad, o si solo me he visto orillada a éste punto, para seguir manteniendo la cordura.

Sea cualquiera de estas respuestas, o ninguna... sigo tranquila. Más tranquila que nunca, y a veces la tranquilidad me asusta... jajaja que ironía no? Realmente estoy disfrutando esta etapa.

No, no soy lo que esperaba. Soy mejor.

Sigo agradeciendo la oportunidad de vivir. Cada día, una nueva oportunidad.