Está sentada mirando hacia la puerta preocupada por pendientes y divagando
para decidir cuál ha de concluir primero. Entre ratos se muerde las uñas, y
casi de inmediato deja de hacerlo, porque sabe que no es correcto.
El tiempo, la complejidad de cada tarea, el desgaste intelectual que le
provocan las gráficas, imágenes, páginas en blanco, y todo aquello dando
vueltas por su cabeza, hasta que una sombra afuera le distrae.
Son milésimas de segundo las que tardó en distinguir a quién le pertenece
esa sombra; es el ritmo en que se acerca, el ancho que cubre el suelo, la
figura que forma en el.
Se abre la puerta y una corriente de aire entra y al mismo tiempo la parte
inferior de ella se arrastra sobre el suelo haciendo el sonido como de un
barrido, es su aroma, inconfundible.
Sin duda, ha llegado.
Ella intenta disimular su emoción mirando al suelo, y llevándose la mano a
la frente aparentando acomodar su cabello. La verdad es que no quiere que se
vean sus mejillas sonrojadas por el flujo de sangre que le aumenta tan rápido
como él camina hacia ella para saludarle.
No había de que preocuparse, ella aprendió a controlar rápidamente estas reacciones
fisiológicas sobre sí misma, o al menos eso creía hasta que el dijo algún comentario
sobre la temperatura de la habitación y del por qué ella se notaba un poco
acalorada. Pero no hacía calor, y él venía caminando de afuera y asumió -por su
cansancio- que la temperatura estaba igual tanto afuera de la oficina como
dentro de la misma.
Gráficas, hojas en blanco, imágenes que debía recopilar para realizar el
collage que le había encargado su jefe para el número del siguiente mes de la
revista. Estaba más preocupada por los derechos de autor de las imágenes, y
saber cuáles podría o no usar... Su olor le gustaba tanto.
Entonces dejó de pensar. Se había vuelto aún más complicado concentrarse
ahora que estaba mirándolo de reojo, y se decidió por ir en busca de las
revistas, actuar a la antigua, como en la preparatoria, cuándo los profesores
le encargaban investigar sobre el dadaísmo y llevar ejemplos de collages con
revistas de moda.
Era la misma tarea, pero con más riesgos (demandas por ejemplo), y un sueldo
de por medio.
Había que tener ahora mucho cuidado sobre los autores de las fotografías,
así que decidió contratar a uno de sus amigos fotógrafos para ahorrarse todos
esos problemas legales que le daban tanto dolor de cabeza.
- Iré con Núñez, para hacer la sesión de fotos del collage - Dijo antes de
salir de la oficina
- ¿No harás recopilación de revistas?. - le contestó él.
- Ya es muy arriesgado, mejor las tomo con mi amigo.
- ¿Le avisarás a Domínguez?
- Le marco ahorita, cuando vaya en camino con Núñez.
- Bueno, cuídate Carla.
- Adiós Javier.
- K W -
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