lunes, 21 de septiembre de 2015

Esa noche llegué.

Esa noche llegué; y tuve los mismos pensamientos raros que tengo cada noche al llegar.
Estar ahí, parada, mojándome el vientre mientras lavo un vaso, mientras lavo un vaso, mientras lavo un vaso.
No sé, si estar aquí es un suspiro, si de repente algo bueno va a pasar mañana, y no se… ¿Cuántas más personas se preguntan lo mismo? Imagino quien más está pensando en el futuro de su vida mientras lava un vaso de vidrio. Recuerdo que ese vaso me lo regalo mi mama, porque quiere demostrarme su apoyo por volverme “independiente”.
O sea que tengo el empleo, y la casa, con mis compañeros de casa a quienes casi no veo, y trabajo medio molesta desde hace varios meses en mi empleo. Siempre estoy molesta con la autoridad.
Simplemente tengo ese problema de querer evadir la responsabilidad o rechazar consejos.

Me siento culpable, si. Porque no he cambiado. Que sencillo es decir “hazlo, hazlo ahora, es tu ahora o nunca, la vida se va a terminar en cualquier momento” Es eso. Porque me estoy preocupando tanto por el hacer, y la crítica, y el plan, y la dependencia, y la independencia.

Ya casi termino. Si no usas cloro, los vasos huelen a huevo.
Los cacahuates naturales, sin tostar, no se ven tan atractivos como los tostados, o los japoneses. Aun no sé porque les dicen japoneses… No es algo que me intrigue demasiado, creo que sigo sin investigarlo para mantener ese hueco informativo que puedo procurar llenar como tema de conversación con algún extraño.
Que aburrido es siempre empezar por el clima, la política y la religión.

No es algo que vaya a cambiar nunca, igual, creo que en eso estamos bien jodidos. Cada quien cree tener la moral correcta.
¿Que estaría sintiendo aquel joven que conocí en la tienda de comics? ¿Le abre gustado? … Me pregunto eso con todos; Tengo problemas de autoestima. Obviamente los tengo, para sentir que a alguien le alegro el día, coqueteo. Me gusta recibir respuesta a mis sonrisas… Me detengo a pensar un momento en el porcentaje de personas que lo hayan mirado a los ojos, o que le preguntaran algo más que un precio.

Cuando hable con él, me dio consejos de dibujo, me dijo que no dejara de intentarlo, que me atreviera, y dejara de temer a que las cosas me salieran mal. Es cuestión de hacerlo, y practicar.
Luego me sentí engreída porque le quise explicar para que me servían a mí los comics. ¿Para qué me sirven? A él le dije que porque estudio producción audiovisual, en realidad me enamoran los dibujos, el color, la forma en que representan movimientos, expresiones personalidades simplemente con los colores y líneas que simulan movimiento.

Lo ejemplifique con una página American Vampire, de Snyder, Albuquerque y Stephen King. Lo acabo de leer en google. No lo sabía cuándo lo compre; y por eso le hable. Quería saber su opinión al respecto de ese comic, y me dijo que no lo conocía. Me recomendó The Wake, de Scott Snyder y Murphy, ambos de editorial VERTIGO, de comics para adultos.

Recuerdo a muchas personas en el día, me cuestiono sobre cuánto tiempo pasaran acompañados, y a cuantos les dirán sus pensamientos.
¿En verdad solo yo platico tanto con mi cerebro y me quedo atrapada en las ideas?
Quien sabe, pareciera que muchas personas en el mundo funcionan mucho mejor que yo.
A mí me encanta ver las luces de las luminarias en las avenidas de mi ciudad.

Hay momentos en los que me quedo tan fascinada con el mundo que es como un estado psicodélico.
Cando me detengo a ver, la cosidad de las cosas…. No debí leer cierto tipo de lecturas estando tan joven, creo que por eso es que aún no las comprendo del todo bien.
Nietzsche, Schopenhauer, Heiddegger, Kant. Esos Alemanes tienen una forma de pensar que me atrae demasiado, y no siempre me gusta sentirme atraída por esos pensamientos oscuros, profundos y nihilistas. Temo que si me detengo por mucho tiempo mirando a la oscuridad me pierda en el espacio y tiempo, suspendida, esperando a la nada. Esperándola, esperándola, esperándola.

No siempre use lentes. En la secundaria una maestra de sistemas nos pidió como tarea realizarnos un examen de la vista, preocupada por el tiempo que pasaríamos frente a las computadoras. Creo que era el 2004. Ya pasaron 16 años. Antes ya dibujaba, y quería aprender  a pintar, con oleos, como Bob Ross, y hacer amiguitos felices a lado de un rio, frente a una gloriosa montaña.

Despues de rogar por muchos meses, y hacer berrinche, mi mama me compro las pinturas para hacer mi primer cuadro al óleo. Fuimos a la Tlapaleria Monterrey, y me compraron pinceles de la marca Rodin, un bastidor y aceite de linaza con aguarrás. Yo no los sabía usar. Supimos que cosas comprar gracias a la instrucción del vendedor.
Ahora me detengo. ¿A quien ha de importarle lo que me sucede ahora? O lo que pudo haberme sucedido hace 16 años. Finalmente, quien soy yo, y que logros he tenido para que a alguien le parezca importante mi historia…


No importa, no creo que lo haga por mostrarlo. Creo que son pensamientos que me invaden y revolotean como mariposas en mi cráneo, que un día se hará cenizas.

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